
Un año más, y aunque ya haya pasado un mes desde nuestro regreso, nuestro intercambio ha vuelto a ser todo un éxito. El 9 de diciembre llegamos al país de las luces y los mercadillos de Navidad, donde las familias alemanas nos esperaban con ilusión y muchas ganas de conocernos.
Al día siguiente de nuestra llegada, recibimos una cálida bienvenida por parte del alcalde de la ciudad de Walldorf, quien nos ofreció un desayuno con productos típicos de la región. En su discurso, además de presentarnos la ciudad y su entorno, nos deseó una feliz estancia y nos agradeció sinceramente la visita, un gesto que hizo sentir al grupo especialmente acogido desde el primer momento.
Los nueve días de intercambio transcurrieron con un programa tan completo que apenas tuvimos tiempo de echar de menos nuestras casas. Durante las primeras horas del día asistíamos a clase, lo que nos permitió conocer de primera mano el sistema educativo alemán. Observamos el respeto mutuo entre alumnado y profesorado, las diferencias en el ámbito escolar y las distintas costumbres educativas… y también descubrimos lo silenciosos que pueden llegar a ser (¡jiji!).
Entre las visitas culturales, recorrimos la ciudad universitaria de Heidelberg, que fue hogar de nuestro rey Carlos I de España y V de Alemania. Allí visitamos su impresionante castillo y paseamos por sus encantadores mercadillos navideños.
Otro de los días lo dedicamos a disfrutar del Europapark, el parque de atracciones más grande de la zona, que en época navideña estaba más bonito que nunca.
También recorrimos la ciudad de Estrasburgo, conocida por su casco histórico, su imponente catedral y sus tradicionales mercadillos navideños, que nos permitieron seguir empapándonos del ambiente único de estas fechas tan especiales. Además, tuvimos la oportunidad de visitar el Parlamento Europeo y estar en el lugar donde se toman decisiones tan importantes relacionadas con el cambio climático, la infancia y muchos otros ámbitos clave.
Como docente, poder mostrar al alumnado todo aquello que les cuento en clase y vivirlo junto a ellos no tiene precio. Ver sus caras, compartir experiencias y acompañarlos en este aprendizaje va mucho más allá de lo académico. Han sido nueve días llenos de emociones, risas, reflexiones, confidencias y un sinfín de sentimientos que, personalmente, solo puedo agradecer haber vivido con ellos.
Hay momentos en la vida que no se pagan con dinero.
Gracias, una vez más, a las familias por confiar siempre en nosotros.




















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